Por: Edgar de Cárdenas Sanjinés (ANE-Bolivia)

I. QUÉ ES LA CUARESMA:

Como sabemos, la Cuaresma es uno de los cinco Tiempos Litúrgicos de la Iglesia, como el Adviento, el Tiempo de Navidad, el Tiempo Ordinario y la Pascua. Es un período de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia (es decir el conjunto del pueblo de Dios) se prepara para poder vivir adecuadamente la “Pascua de Cristo”. Es un tiempo tradicionalmente dedicado a la oración, al ayuno, a la limosna y en general, a las obras de misericordia espirituales y corporales.

El Concilio Vaticano II nos dice: ”El tiempo cuaresmal prepara a los fieles a oír la Palabra de Dios más intensamente y a orar especialmente, mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y la penitencia, para celebrar el misterio pascual” (Sacrosantum Concilium 109).

La Cuaresma es definida también como “el gran retiro espiritual de la Iglesia”. Es el tiempo litúrgico penitencial y de conversión por excelencia, signado de especial manera por los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, y que en gran medida le dan el sentido a toda la Cuaresma.

“Concédenos, Dios todopoderoso, en atención a los ejercicios anuales de la santa cuaresma, la gracia de comprender cada vez más el ejemplo misterioso de Cristo y de reproducir, en la santidad de nuestra vida, las disposiciones de su alma” (oración extraída del “Sacramentario Gelasiano”.)

Al Papa Gelasio I, quien gobernó la Iglesia del 492 al 496, se le atribuye ese “Sacramentario”, que es el segundo ritual más antiguo de la Iglesia, aunque algunas investigaciones recientes sostienen que el Sacramentario recién apareció en el siglo VII, Lo importante, en todo caso, es el mensaje profundo que transmite, por eso, repitamos la oración meditando en cada una de sus frases:

  • “Concédenos, Dios todopoderoso,
  • en atención a los ejercicios anuales de la santa cuaresma,
  • la gracia de comprender cada vez más el ejemplo misterioso de Cristo
  • y de reproducir, en la santidad de nuestra vida, las disposiciones de su alma”

Durante la Cuaresma se requiere de una actitud absolutamente espiritual, para vivir la conversión radical de corazón y de mentalidad por Cristo, con Cristo y para Cristo. Por eso este tiempo se inicia con el grito: “Conviértete y cree en el evangelio”.

La Cuaresma es el recuerdo vivencial, memorial de seguimiento de Cristo, que se encamina hacia Jerusalén, hacia el cumplimiento de su sagrada Misión: precisamente el misterio pascual. Es la intensa preparación para la celebración de los misterios salvíficos de la pascua: para morir al pecado, “hacernos semejantes a Él en su muerte” (Filip.3,10) para poder luego resucitar con Cristo Jesús.

“La comunidad eclesial, en el entrenamiento cuaresmal, asidua en la oración y en la escucha de la Palabra divina, en ayuno y en caridad operativa, actuante, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia, del Misterio de la redención, la vida nueva en Cristo, Señor.” (Benedicto XVI, Mensaje para la cuaresma de 2011).

Como tiempo litúrgico, la cuaresma parece haber nacido de la fusión del ayuno preparatorio que realizaban todos los fieles para la Pascua, de la preparación que se les hacía practicar a los que iban a ser bautizados en la Pascua de Resurrección (catecúmenos), y del ayuno conmemorativo de las tentaciones de Cristo, que tuvo origen en la Iglesia Copta, como una conmemoración vivencial del ayuno de Cristo en el desierto, que los cristianos coptos hacían a continuación de la fiesta de su propio bautismo, a imitación de nuestro Señor, que después de su bautismo “fue empujado por el Espíritu al desierto” (Mc 1,12. Mt 4,1 y Lc 4,1).

II. CONSAGRACIÓN DE LA CUARESMA:

Como ya dijimos, la Cuaresma es un tiempo de oración, ayuno y limosna (obras de misericordia). Con estas acciones, la Iglesia conduce hacia la santidad a los componentes y discípulos de Jesús. El pueblo es consagrado a Dios.

  1. a) La oración: La oración era lo más importante de la comunidad cristiana primitiva en el tiempo de la cuaresma. Representaba y representa el encuentro con Dios, la salvación. La oración era fundamentalmente una participación de la plegaria oficial de la Iglesia, de esta manera la comunidad participaba de la oración Padre-Hijo de Jesús. La oración de la Iglesia era vivida, como el clamor lleno de amor de Cristo, el mediador eterno ante el Padre, suplicando por su pueblo.
  2. b) El Ayuno: El ayuno era una práctica general y muy respetada, casi indispensable en la Iglesia primitiva y antigua. Enseguida se la asoció como la preparación a la celebración más importante de la Iglesia, que es la muerte y resurrección de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. El ayuno estaba totalmente fundido a la oración y la limosna, como uno de los tres componentes de una sola y única realidad dinámica, santa. Al unirse a Dios, por la oración, se abstenían de lo necesario para la subsistencia (ayuno) con el fin de entregarlo a los pobres (limosna o práctica efectiva de la misericordia). El ayuno es inseparable de la limosna.

En nuestros días, únicamente quedan el ayuno del miércoles ceniza (inicio de la cuaresma) y el Viernes Santo (de la muerte de Jesús). El ayuno es la mortificación del ser humano anterior (el hombre viejo) y el nacimiento de la nueva humanidad (hombre nuevo), esta nueva humanidad se hace efectiva cuando morimos a nosotros y nos revestimos de Cristo. Todo esto nos lo recuerda el sacerdote cuando nos pone la cruz en la frente con ceniza: nos recuerda que somos seres mortales que solo encontramos la inmortalidad unidos a Cristo, por eso el doble pregón de “Recuerda que eres ´polvo, y al polvo volverás” y también “Conviértete y cree en el Evangelio”.

  1. c) La limosna: El sentido último del ayuno es la limosna. Debemos privarnos nosotros de algo para entregarlo a los más pobres. San Agustín nos indica que: “A quien no práctica la misericordia, el ayuno no le sirve de nada”.

La limosna no consiste en dar algo de lo que tenemos, tan solo por cumplir, más bien consiste en “darnos a nosotros mismos” a los demás, en especial a los más necesitados. Hay que darse cuenta de que la limosna, al igual que el ayuno, nos purifican el corazón y los sentimientos, y como nos enseña la Escritura, “la limosna borra infinidad de pecados” (Cfr. 1Pe 4,8), y en el Libro de Tobías leemos: “Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Sé misericordioso con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte, y no dejará caer el alma en las tinieblas. La limosna será motivo de gran confianza delante del altísimo Dios para todos los que la hacen.”  (Tob 4,7-12).        

 III. EL SIGNIFICADO DEL TÉRMINO “CUARESMA”:

Es una abreviación del latín quadragésima dies (día cuadragésimo: cuarenta). Se viene usando en castellano desde el año 1220 al1250.

El tiempo de cuaresma y su duración simbólica de cuarenta días se inspiran en Cristo, que se retira para orar y ayunar, que combate y vence las tentaciones con la Palabra de Dios.

 IV. EL SIMBOLISMO DE LOS CUARENTA DÍAS:

En el lenguaje bíblico los números no son cantidades, son conceptos teológicos. san Ambrosio (Exp. Inc., 4,14), nos decía: “Los Cuarenta días: reconocen el número simbólico (mysticum)”.

Los cuarenta días de la cuaresma hacen referencia explícita a diversos acontecimientos del Antiguo Testamento:

  1. a) Los cuarenta días del diluvio: Nos ofrecen una idea del castigo, pero sobre todo del perdón que nos lleva a la salvación, la creación de la nueva humanidad en Dios.
  2. b) Los cuarenta días de la gracia: Moisés, Elías, Jonás y la salvación de Nínive. La Palabra de Dios nos dice: “Voy a conducir a Israel al desierto y allí le hablaré al corazón” (Oseas 2,16). Por tanto, la cuaresma es dejar atrás las cosas del mundo para ir en busca de Dios, es el retiro del cristiano.
  3. c) Los cuarenta días en los cuales Moisés recibió las tablas de la ley: “Moisés estuvo en el Sinaí cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan, ni beber vino” (Éx.24,18). Es un retiro, Moisés se retira al monte (donde se revela Dios) para hacer ayuno.
  4. d) Los 40 años de la travesía del pueblo de Israel por el desierto con sus pruebas y tentaciones, “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en el lugar de la rebelión (Meriba) en el desierto, cuando vuestros padres fueron tentados y exigieron pruebas, aunque habían visto mis obras” (Sal.94,7-9). Si bien el desierto es el lugar de búsqueda de Dios, en esta búsqueda siempre está presente la tentación, de esta manera la cuaresma se convierte en un tiempo de prueba y conversión.
  5. e) Los cuarenta días de ayuno de Elías en el monte Horeb, donde es alimentado por el Ángel de Yahvé, para luego recibir la revelación de Dios. Esta manifestación de Dios a Elías cambiará la vida del profeta. (1Re 19,1-18).
  6. f) Los cuarenta días de la conversión de Nínive: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3,4). La población de Nínive se arrepintió, creyeron en el Dios de Israel, hizo penitencia y por ello se salvaron. La salvación es una constante de la cuaresma.
  7. g) La cuaresma inicial de Jesús: Cristo ayuna durante cuarenta días. Durante esta cuaresma es tentado, pero vence a la tentación del poder de la religión, el poder político y el poder económico. Después Jesús inicia su actividad salvadora como Mesías (Cfr. Mt.4,1-11).
  8. h) La cuaresma de resurrección de Cristo: A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios” (Hech 1,3). Es la cuaresma de Cristo resucitado, para entregar toda la fortaleza de su enseñanza sobre el Reino de Dios, para que la comunidad de discípulos inicie su actividad evangelizadora.

En el libro del Deuteronomio aparece la interpretación de los cuarenta días como un tiempo de prueba que Dios impone a su pueblo: “Tú te acordaras de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho recorrer durante cuarenta años por el desierto, a fin de humillarte, de probarte, para conocer los sentimientos de tu corazón, si ibas o no a guardar sus mandamientos. Él te ha hecho tener hambre y te ha alimentado con el maná a fin de enseñarte que el hombre no vive solamente de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Deut 8,2-4. Cfr. 29,4-5).

Resumiendo:

Los cuarenta días significan un tiempo especial de gracia (Cfr. Amós 2,10; 2Esdras 9,21; Judith 5,15). En todos los casos citados por las Escrituras, en ese tiempo Dios ha estado siempre junto a su pueblo, ha escuchado sus peticiones, pero ha sido también una etapa de prueba (Cfr. Salmo 94).

El número 40 era, en la tradición judía, el número por excelencia del tiempo de la prueba y la tentación. También un tiempo de disposición para recibir gracias especiales. Con el ayuno y la oración, Moisés y Elías se prepararon cuarenta días para recibir las gracias divinas.

            Después de 40 días de oración y ayuno, la Torá (Ley de Dios) fue dada a Moisés en el Sinaí. (Éx. 24,18; 34,28). Recordemos que el “Monte” es siempre lugar de revelación, epifanía o manifestación de Dios.

Los 40 días de oración y ayuno de Moisés buscaban apartar el castigo que debía caer sobre el Israel pecador Luego me postré ante Yahvé, como la otra vez, cuarenta días y cuarenta noches: no comí pan ni bebí agua, por todo el pecado que habíais cometido haciendo el mal a los ojos de Yahvé hasta irritarle” (Deut 9,18).

            También, los 40 días son un tiempo de penitencia en vista al juicio que viene, como podemos constatar en el libro de Jonás. Los 40 días tienen una connotación escatológica. Así pues, la cuaresma es memorial y profecía. No es sólo una simple exigencia ascética (que ayudará al autocontrol y la regulación armónica de las tendencias y deseos naturales), sino que guarda directa relación con la espera de acontecimientos divinos; con el poder de Dios que actúa y derrama gracias sobre su pueblo.

V. LAS ETAPAS DE LA CUARESMA:

El Leccionario, a través de las lecturas dominicales, nos da a conocer el sentido de la cuaresma y sus cinco etapas, impregnadas de espíritu catecumenal y bautismal.

1ª Etapa: Es la puesta en marcha. Se inicia con el miércoles de ceniza, dando inicio a una fase de oración, ayuno y limosna. Nos recuerda el pecado, pero sobre todo la misericordia. En esta etapa, los temas esenciales en las lecturas son: la oración, la fe (confianza), la humildad, la caridad, las bienaventuranzas, pero sobre todo la sinceridad.

2ª Etapa: Primera semana. Es el camino de la cruz a la gloria, de la tentación a la transfiguración. En ella encontramos a Satanás (tentaciones) pero también tiene lugar el encuentro personal y comunitario, a solas con Dios (desierto). Simboliza la lucha del bien y el mal. Jesús nos da ejemplo de ser el modelo de la Cuaresma, escogiendo la instauración del Reino por medio de la cruz y no del show, del aplauso, de la conmoción de masas…

En los textos evangélicos del ciclo A, se medita sobre los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía), siguiendo los pasajes de la samaritana (el misterio del agua), el ciego de nacimiento (el misterio de la luz) y Ia resurrección de Lázaro (el misterio de la resurrección). En el ciclo B (que es el que estamos viviendo) se medita sobre el misterio de la muerte y la glorificación del Hijo. En el ciclo C, Cristo llama a la conversión y perdona.

3ª Etapa: Domingo de “Alegría” La comunidad se reúne para participar del “Banquete Pascual”, por tanto, invade a la Iglesia un sentimiento de triunfo y Alegría. Se hace entrega de los evangelios, el Padre Nuestro, como símbolos de fe. Desde el viernes se lee el Evangelio de San Juan: los sufrimientos y vejaciones que representan la lucha entre la luz y las tinieblas.

4ª Etapa: Domingo de Pasión. En esta etapa es la “Persona de Jesús” la que se apodera de toda la escena. El contemplar la lapidación es el preludio del Kraneon, del Calvario, del Gólgota. 

5ª Etapa: El Domingo de Ramos inaugura la que es conocida como la Semana Santa, la gran semana del cristianismo. Los últimos acontecimientos de la vida terrena de Jesús son recordados día a día y hora a hora. La Iglesia medita sobre los sufrimientos del Redentor y se une a su Pasión. La parte fundamental de esta etapa llegará en la “Vigilia Pascual”. Es la manera como la Iglesia en su conjunto, a través de la Cuaresma, es movida, fortalecida e iluminada por Cristo y sus sentimientos, para transformar los sentimientos de sus discípulos.

En la antesala del Triduo Pascual, el lunes, martes, miércoles y jueves santos, se meditan los textos del Cántico del Siervo de Yahvé, Isaías, que prefigura y profetiza poéticamente, con increíble precisión, ocho siglos antes, la Pasión de nuestro Señor.

El VI domingo lleva por título, como ya dijimos, “Domingo de Ramos en la pasión del Señor”.

 VI. LA TEOLOGÍA DE LA CUARESMA:

“Tú, oh Dios, abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación (nuestro llamado) de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu palabra y experimentar con gozo tus maravillas” (V prefacio de cuaresma).

La cuaresma se interpreta teológicamente a partir del misterio pascual celebrado en el triduo santo. Sin embargo, no es que haya Cuaresma para celebrar la Pascua, sino que más bien, porque celebraremos la Pascua, es necesario que nos preparamos muy bien en la Cuaresma.

La cuaresma no es un residuo arcaico de prácticas ascéticas de otros tiempos pasados, sino el tiempo actual de una experiencia espiritual más vivencial, el tiempo de nuestra participación directa en el misterio pascual; de ahí su carácter “sacramental”, es un signo visible que opera una realidad invisible “Padecemos juntamente con Él, para ser también juntamente con Él glorificados” (Rom 8,17).

Cuaresma es el tiempo en el que Cristo purifica a su esposa, la Iglesia (Cfr. Ef 5,25-27). En este tiempo, el acento no se centra tanto en las prácticas ascéticas, cuanto en la acción purificadora y santificadora del Señor. Las obras penitenciales son el signo, la expresión de nuestra participación real en el misterio de Cristo, que hizo penitencia por nosotros, ayunando en el desierto. Por medio de las prácticas cuaresmales, nos unimos directa y estrechamente a Él. Nos preparamos con Él para ser parte de su acción redentora; sabiendo que el desierto, en la simbología Bíblica, significa “búsqueda de Dios”, abandono del mundo que nos rodea para buscar, en la soledad, el encuentro con Dios.

La Cuaresma tiene valor de acción litúrgica y sacramental porque es Cristo quien da eficiencia a la penitencia de sus fieles; a través de Cristo, las prácticas cuaresmales alcanzan un verdadero fruto espiritual de redención.

 VII. LA ESPIRITUALIDAD DE LA CUARESMA:

“Tú, oh Dios, concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y el amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios” (l Prefacio de cuaresma).

La espiritualidad cuaresmal es pascual-bautismal-penitencial-eclesial.

La cuaresma es albergue de la Palabra de Dios, quien sigue hablando a nuestro corazón, alimentando el camino pascual de fe que iniciamos en el día del bautismo.

La cuaresma es tiempo de contemplación de la historia de la salvación que encamina nuestra conversión cuaresmal a dejar actuar a Dios en nuestra propia historia de salvación, cristificándonos con Jesús, elevando nuestra vida moral.

En cuaresma, con las prácticas penitenciales, buscamos ingresar a nuestro desierto interior para encontrarnos con Dios, para mostrarle nuestras grietas más íntimas, nuestra aridez, para suplicarle el agua del oasis de su gracia sanadora; ir al desierto, al interior silencioso y reposado para producir un “libre distanciarse del mundo en el espíritu”. En el desierto se aprende a saborear, a callar y escuchar antes que hablar. Se aprende a encontrar la propia identidad y el proyecto de Dios sobre la propia vida. En el desierto personal es más fácil contemplar los desiertos del hombre y de la sociedad actual; desiertos de Dios (búsqueda del hombre), de humanismo, de solidaridad; desiertos de esperanza, de libertad, de trascendencia.

Cuaresma es un tiempo de contemplación de Jesús liberador que vino para que “tengamos vida y vida en abundancia”, (Jn 10,10) y para que su “verdad nos haga libres”, (Jn 8,32) libres de nuestros miedos, de nuestras bajas pasiones, de las ideologías que nos confunden y de nuestras propias frustraciones. Cuaresma es salir del Egipto de nuestras esclavitudes y pasar a la tierra prometida de la libertad de los hijos de Dios.

Cuaresma es un tiempo de contemplación de la ascesis de Jesús, quien nos invita a la disciplina del reposo, a la calma y el silencio en el interior del alma, para acentuar su capacidad de concentración en la oración y contemplación de Dios, que nos lleva a la búsqueda de la humildad, a la purificación de todas nuestras intenciones y a la apertura del corazón, al dominio de las pasiones, haciéndonos transparentes ante Dios y los hombres.

La cuaresma, pues, tiene un carácter especialmente bautismal, de renacimiento en Cristo, sobre el que se funda el carácter penitencial.

La cuaresma además tiene un carácter eclesial. Toda la Iglesia está llamada, en comunión, a la purificación, a la santificación por su Salvador, muerto y resucitado. Si el pecado no es sólo interior e individual sino con graves consecuencias exteriores y sociales, la penitencia-reconciliación debe ser comunitaria v eclesial.

Cuaresma es un tiempo de contemplación de los gestos concretos de amor y solidaridad de Jesús, que “pasó haciendo el bien”, (Hech 10,38). El contemplar esos gestos nos llevan necesariamente a recrear gestos en el mundo de hoy, gestos proféticos de anuncio y de denuncia, inspirados en los gestos liberadores de nuestro Salvador.

En fin, los 40 días de cuaresma pretenden sacarnos de nuestra posición de repliegue y letargo espiritual para hacer crecer el formato de nuestra alma, según Cristo.

VIII. LA CUARESMA EN LA LITURGIA DE LA IGLESIA:

Según el Papa san León Magno (+467) la cuaresma tiene una triple finalidad: “Prepara al conjunto del pueblo cristiano para la salvación; a los penitentes, para la reconciliación del Jueves Santo; y a los catecúmenos (electi) para el bautismo que se administra en la noche de pascua”.

Ya en el siglo II se celebraba la Pascua. En seguida, la festividad se convirtió en un triduo (tres días) que constaba de Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección. En este tiempo se realizaba un ayuno riguroso, que comenzaba el viernes por la tarde y duraba hasta la madrugada del domingo. Este ayuno se irá extendiendo a varios días y semanas, en las que solamente se comía durante la noche y muy poca cantidad de comida.

Cuando en el siglo IV el catecumenado alcanzó una organización estable, la cuaresma ofreció un marco apropiado para la última preparación de los catecúmenos al bautismo, en la noche santa de la vigilia pascual.

Al haber Dios reconciliado a los hombres consigo, por medio de la muerte y resurrección de su Hijo, el Jueves Santo parecía también imponerse para admitir a la comunión a los pecadores que habían cumplido su tiempo de penitencia. La cuaresma los preparaba para su reconciliación.

En el siglo V se compuso la liturgia de los lunes. El primer lunes de cuaresma recibió una liturgia especial porque era el día en que comenzaba el ayuno cuaresmal y el momento en que se separaba de Ia comunidad a los penitentes. El evangelio habla del juicio final (cfr. Mt.25,31-46), y la lectura trata del pastor divino que salva a sus ovejas (cfr. Ez.34,11-16). En el mismo tiempo se compone la liturgia de los miércoles y viernes. A partir del siglo VII se introduce la liturgia de los martes y sábados. Gregorio VII (715-731) introduce los jueves. Y en el siglo VIII toda la cuaresma era litúrgica.

Al inicio del siglo XI la ceniza se empieza a imponer a todos los fieles.

Así aparecieron los rasgos principales de la cuaresma litúrgica: tiempo de ayuno, de caridad y de oración para todo el pueblo cristiano; tiempo de preparación al bautismo para los catecúmenos, y tiempo de preparación a la reconciliación para los penitentes.

Para acceder a los archivos del Retiro de Cuaresma del ANE, cosa que te recomendamos ampliamente, puedes hacer clic en la imagen de abajo